EE. UU. y Japón realizan la primera intervención conjunta para apoyar al yen desde 2011, elevando los riesgos para los mercados cripto
Puntos clave
- •Estados Unidos y Japón intervinieron conjuntamente en el mercado de divisas el 31 de julio, marcando su primera operación coordinada de compra de yenes desde marzo de 2011.
- •Japón inyectó una estimación de $53–59 mil millones mediante compras directas de yenes, mientras que EE. UU. participó a través de compras de yenes facilitadas por la Reserva Federal de Nueva York.
- •El yen había caído cerca de mínimos de 40 años frente al dólar, acercándose al rango de 163–164, debido a un diferencial de tasas de interés cada vez mayor entre ambos países.
- •Tanto el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, como la ministra de Finanzas de Japón, Satsuki Katayama, señalaron disposición para tomar más medidas coordinadas si fuera necesario.
- •Una apreciación sostenida del yen podría acelerar el desarme del carry trade, retirando liquidez de los activos de riesgo a nivel mundial, incluidos los mercados cripto, que son especialmente sensibles a episodios de desapalancamiento impulsados por el yen.

Estados Unidos y Japón intervinieron conjuntamente en el mercado de divisas el 31 de julio, coordinando operaciones de compra de yenes por primera vez desde 2011. La medida marca un raro episodio de cooperación monetaria bilateral que no se veía en casi quince años.
El secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, y la ministra de Finanzas de Japón, Satsuki Katayama, confirmaron públicamente la intervención el 2–3 de agosto. El yen había estado descendiendo hasta mínimos de 40 años, acercándose al rango de 163–164 frente al dólar estadounidense.
Detalles de la intervención
Japón inyectó una estimación de $53–59 mil millones en los mercados de divisas mediante compras directas de yenes. Estados Unidos participó a través de compras de yenes facilitadas por la Reserva Federal de Nueva York.
Japón había intentado previamente estabilizar su moneda mediante intervenciones unilaterales, pero esos esfuerzos ofrecieron resultados limitados. El yen continuó su trayectoria descendente, impulsado por una brecha cada vez mayor entre las tasas de interés de EE. UU. y Japón. Japón ha mantenido costos de endeudamiento ultrabajos incluso cuando otros grandes bancos centrales endurecieron su política, lo que convirtió al yen en una moneda barata para pedir prestado y en un perdedor persistente frente a monedas con mayores rendimientos.
La última intervención coordinada sobre el yen entre ambos países ocurrió en marzo de 2011, después del devastador terremoto y tsunami que golpeó a Japón. En aquel momento, un yen que se fortalecía rápidamente amenazaba a los exportadores japoneses. La situación actual presenta el problema inverso: un yen en caída que corre el riesgo de desestabilizar la economía japonesa a través de costos de importación en alza, mientras el país dependiente de recursos paga mucho más por energía, alimentos y materiales industriales denominados en dólares.
Tanto Bessent como Katayama señalaron disposición para tomar más medidas si fuera necesario.
La conexión del carry trade con las criptomonedas
El carry trade del yen —en el que los inversores piden prestado a bajo costo en yenes y reasignan ese capital a activos de mayor rendimiento— ha sido una de las operaciones más concurridas de las finanzas globales. Las tasas de interés estructuralmente bajas de Japón han convertido al yen en la moneda de financiación preferida para este tipo de operaciones, ampliando su presencia en los mercados globales mucho más allá de lo que sugeriría la participación de Japón en el PIB mundial. Cuando el yen se fortalece bruscamente, los operadores se ven obligados a deshacer posiciones con rapidez, drenando liquidez de los activos de riesgo en general.
Los mercados cripto, caracterizados por libros de órdenes más delgados y negociación continua las 24 horas, tienden a absorber el impacto más rápido y con mayor intensidad que los mercados tradicionales. Bitcoin y otros activos digitales se han movido cada vez más en línea con las condiciones de liquidez global, lo que significa que los episodios de desapalancamiento impulsados por el yen pueden trasladarse a los precios cripto incluso sin un catalizador específico del sector.
El episodio de julio de 2024 ofrece un paralelo relevante. Cuando el Banco de Japón elevó las tasas de forma inesperada, el desapalancamiento resultante del carry trade contribuyó a una fuerte caída en los mercados globales, con un impacto notable en los criptoactivos.
Implicaciones más amplias
Cualquier apreciación sostenida del yen desde los niveles actuales podría acelerar el desarme del carry trade. Las posiciones acumuladas durante el prolongado descenso del yen hacia 163–164 son considerables, y su reversión retiraría capital de los activos de riesgo en todo el mundo.
La participación de EE. UU. altera el cálculo de manera significativa. La intervención unilateral de Japón es un patrón conocido que los mercados han aprendido a ignorar en parte. La participación de Washington sugiere un nivel de preocupación sobre la dinámica dólar-yen que va más allá de las preferencias de política de Tokio, lo que implica que las autoridades estadounidenses ven la debilidad del yen como un riesgo sistémico para el sistema financiero global más amplio. Un yen persistentemente débil también refuerza la fortaleza del dólar, lo que puede complicar la competitividad comercial de EE. UU. y ampliar las fricciones comerciales bilaterales.
El diferencial subyacente de tasas de interés que provocó la caída del yen no ha cambiado, lo que significa que la tensión entre los fundamentos del mercado y la intervención de política sigue vigente. Los participantes del mercado estarán atentos a las próximas decisiones de política del Banco de Japón, a los datos de inflación y empleo de EE. UU. y al ritmo de los comunicados oficiales de ambas capitales en busca de señales sobre si una nueva acción coordinada es inminente. Para los mercados cripto, eso se traduce en una mayor sensibilidad macroeconómica, donde un solo titular de Tokio o Washington podría mover a Bitcoin más que cualquier métrica en cadena.