El secretario del Ejército Dan Driscoll renuncia y profundiza la crisis en el Pentágono bajo Pete Hegseth
Puntos clave
- •Dan Driscoll renunció el lunes como secretario del Ejército tras repetidos choques con el secretario de Defensa Pete Hegseth, según The Wall Street Journal.
- •Driscoll, un viejo amigo de JD Vance de la Facultad de Derecho de Yale, habría renunciado por preocupación de que Hegseth estuviera dañando la modernización del Ejército al expulsar a los líderes que la guiaban.
- •El Ejército carece ahora tanto de un secretario como de un jefe de Estado Mayor confirmados por el Senado, y el nominado, general Christopher LaNeve, aún no tiene los votos para la confirmación, según CNN.
- •La guerra en curso contra Irán ha exigido el despliegue de 19 buques de guerra además de unidades de defensa aérea, escuadrones de cazas y paracaidistas, generando tensión en las tropas y un retraso de mantenimiento que podría tardar años en resolverse, informa el Journal.
- •Líderes militares de alto rango, incluido el almirante Daryl Caudle, han advertido a Hegseth que las operaciones contra Irán no pueden sostenerse indefinidamente sin una fecha de finalización prevista, informa The Washington Post.

La última víctima del turbulento mandato de Pete Hegseth como secretario de Defensa es Dan Driscoll, quien renunció el lunes como secretario del Ejército tras chocar repetidamente con Hegseth, según The Wall Street Journal.
Driscoll no es un liberal disfrazado. Es un viejo amigo de JD Vance desde sus días en la Facultad de Derecho de Yale, y su renuncia es notable precisamente porque proviene del propio círculo de la administración y no de sus críticos habituales. Según CNN, dimitió por preocupación de que Hegseth esté dañando los esfuerzos del Ejército por modernizarse y adaptarse al campo de batalla del siglo XXI —donde la guerra con drones desempeña un papel cada vez más importante— al despedir o expulsar a los líderes que encabezan esos esfuerzos.
Un funcionario de defensa en Europa dijo a CNN que, aunque Hegseth habla de reforma tecnológica, en realidad se concentra en "músculos, hombres con vestidos y testosterona".
El mandato de Hegseth ha sido problemático desde el momento en que llegó al Pentágono. Incluso si Trump fuera capaz de escuchar consejos sensatos, según la evaluación del autor, Hegseth no se ha acercado siquiera a ofrecérselos. En cambio, ha persiguido agravios relacionados con el DEI, promovido la testosterona y denigrado o despedido a oficiales mujeres y afroamericanos.
El Ejército carece ahora de secretario y de jefe de Estado Mayor confirmados por el Senado. El nominado para reemplazar a George, el general Christopher LaNeve, todavía no tiene los votos para ser confirmado, según CNN. El doble vacante deja a los aproximadamente 450.000 soldados en servicio activo sin liderazgo civil y uniformado confirmado en la cúspide —una situación inusual para una rama de ese tamaño, que complica todo, desde la defensa del presupuesto en el Capitolio hasta decisiones de personal que requieren liderazgo confirmado.
Mientras tanto, la guerra contra Irán exige el despliegue continuo de 19 buques de guerra, unidades de defensa aérea, escuadrones de cazas y paracaidistas en toda la región, según The Wall Street Journal —lo que tensa a los miembros del servicio y a sus familias y genera un retraso en el mantenimiento que podría tardar años en resolverse.
The Washington Post informa que múltiples líderes militares de alto rango —los que aún quedan— han advertido a Hegseth que Estados Unidos no puede extender indefinidamente las operaciones militares contra Irán. Incluso el jefe de operaciones navales, almirante Daryl Caudle —quien hizo campaña para el cargo señalizando su acuerdo con las preocupaciones de guerra cultural de Hegseth, según The New York Times—, dijo a Hegseth que la Armada no puede "sostener su nivel actual de apoyo al conflicto con Irán porque no hay una fecha de finalización prevista".
La respuesta de Hegseth fue censurar a los medios por revelar información clasificada.
El autor escribe que ha conocido a muchos otros secretarios de Defensa, comenzando por Cap Weinberger, quien sirvió bajo Reagan, y afirma sin temor a contradicción que Pete Hegseth es el más estúpido y menos calificado de todos.
La incompetencia de Hegseth y su determinación de congraciarse con Trump ayudaron a lanzar la guerra contra Irán en primer lugar, argumenta el texto. Entre los altos funcionarios de la administración, Hegseth fue el único que apoyó la visión de Trump de una victoria rápida. Marco Rubio estaba en contra de la guerra, al igual que JD Vance; incluso la exdirectora de Inteligencia Nacional Tulsi Gabbard dijo a Trump que una guerra con Irán no era ganable.
Desde entonces, Hegseth ha mentido, en palabras del autor, durante más de seis meses de caos en el Pentágono y en la guerra con Irán.
En una rueda de prensa en marzo, Hegseth se quejó de un informe de CNN que señalaba que la administración Trump había subestimado la capacidad de Irán para interrumpir el tráfico petrolero global cerrando el estrecho de Ormuz. "Patentemente ridículo", dijo Hegseth a los periodistas, añadiendo —incluso mientras el bloqueo del estrecho demostraba ser la palanca más poderosa de Irán en la guerra— que "no hay que preocuparse por eso". El autor lo califica como una afirmación falsa e insultante dirigida a un público estadounidense que merecía saber qué pensaba hacer la administración sobre el aumento de los precios de la gasolina causado directamente por ese bloqueo.
También negó que Estados Unidos bombardeara la escuela donde murieron unos 175 niños —una afirmación desmentida, según el autor, por la evidencia creciente de que Estados Unidos sí bombardeó la escuela. La posterior insistencia de Hegseth en que Estados Unidos "nunca ataca civiles" fue refutada por el asesinato por parte del ejército estadounidense de más de 200 personas en pequeñas embarcaciones en el Caribe, sin pruebas de que fueran "narcoterroristas" y no civiles.
Hegseth luego mintió, escribe el autor, sobre la gravedad de los ataques iraníes contra bases estadounidenses en el Golfo Pérsico que interrumpieron el apoyo logístico a las fuerzas estadounidenses, lo que llevó a las privaciones sufridas por la tripulación del portaaviones USS Abraham Lincoln.
Evidentemente, Hegseth cree que su trabajo es hacer porras y defender a Trump con afirmaciones como "No empezamos esta guerra, pero bajo el presidente Trump la estamos terminando", "Estados Unidos está ganando de manera decisiva, devastadora y sin piedad" y "no mostraremos clemencia con nuestros enemigos". Como señala el autor, "sin clemencia" significa matar a todos y no tomar prisioneros, lo que constituye un crimen de guerra.
En los días previos al ataque estadounidense contra Irán, Hegseth pasó su tiempo criticando el "wokeness" en las universidades estadounidenses y obligando a Scouting America a abandonar programas destinados a promover la diversidad.
El año pasado, no solo compartió por error los planes militares con el editor de The Atlantic; ahora sabemos que los compartió con un segundo grupo de Signal que incluía a su esposa, su hermano y su abogado personal.
John Ullyot, quien renunció como portavoz del Pentágono, dijo que Hegseth había traído "caos total" al Pentágono y que el Pentágono "está en desorden bajo el liderazgo de Hegseth".
Hegseth desestima los crímenes de guerra, resta importancia a las reglas de enfrentamiento y proyecta beligerancia inequívoca en un momento en que Estados Unidos está perdiendo rápidamente la posición moral que alguna vez tuvo en el mundo, argumenta el autor.
El texto concluye que Pete Hegseth es la persona más incompetente de la administración Trump —con la excepción del propio Trump— y un peligro claro y presente para la seguridad de Estados Unidos y del mundo. Si Trump no lo despide, escribe el autor, los demócratas deberían someterlo a un juicio político cuando tomen el control de la Cámara el próximo enero, y dos tercios del Senado deberían condenarlo. Lo que habrá que observar en los meses venideros es si siguen más salidas de liderazgo civil tras la de Driscoll, si LaNeve logra la confirmación y cómo la tensión de un despliegue abierto con Irán interactúa con un Pentágono que pierde a los altos funcionarios que guiaban la modernización.