Robert Reich advierte que el cambio de nombres de lugares y monumentos por parte de Trump es una afirmación de dominancia
Puntos clave
- •Trump dijo que decidió renombrar el lago Ontario como lago América por indignación con Canadá, aunque el lago atraviesa la frontera entre Estados Unidos y Canadá y un cambio unilateral no tiene validez internacional.
- •El golfo de México fue renombrado golfo de América por orden ejecutiva a comienzos de 2025, con instrucción a las agencias federales de adoptar el nuevo nombre; Google Maps y Apple Maps acataron el cambio, mientras que MapQuest se negó.
- •Google dijo que mostraría "Gulf of America" a los usuarios de Estados Unidos mientras mantendría "Gulf of Mexico" para los demás, lo que resulta en que distintas poblaciones vean nombres diferentes para el mismo cuerpo de agua.
- •Una mayoría de la Corte Suprema permitió a Trump continuar la construcción de un salón de baile en la Casa Blanca, una decisión de la que disintió el presidente de la Corte John Roberts, citando la visión de Theodore Roosevelt sobre la austera sencillez del edificio.
- •Reich sostiene que ninguna persona en una democracia debería alterar arbitrariamente los nombres de lugares y los sitios físicos compartidos, y describe las acciones de Trump como un "robo de lugares" destinado a afirmar su dominancia.

Existe una distinción entre que el presidente Trump usurpe poderes que constitucionalmente pertenecen al Congreso y que usurpe lugares que pertenecen a todos, escribe Robert Reich. Su preocupación se centra en el cambio de nombre y la alteración física de lo que los estadounidenses comparten en común.
Trump dijo que "decidió" cambiar el nombre del lago Ontario a lago América porque estaba indignado con Canadá. Reich se pregunta cómo un solo hombre puede decidir renombrar uno de los Grandes Lagos —un nombre que los estadounidenses aprenden en la escuela primaria—, y señala que forma parte no solo del patrimonio compartido, sino de la realidad común. Los nombres de lugares conocidos anclan a las personas, argumenta, al proporcionar un conjunto compartido de referencias con las que los individuos se orientan y sitúan a los demás. Además, se trata de un cuerpo de agua internacional: el lago Ontario atraviesa la frontera entre Estados Unidos y Canadá, por lo que cualquier cambio de nombre unilateral de un país no tiene validez ante Canadá ni ante los organismos internacionales de nomenclatura, lo que plantea dudas sobre cómo un cambio así podría imponerse más allá de los mapas oficiales de Estados Unidos.
Trump también cambió el golfo de México por golfo de América —un cambio de nombre realizado por orden ejecutiva a comienzos de 2025, con la instrucción a las agencias federales de adoptar el nuevo nombre en documentos oficiales— e incluso ha considerado renombrar los océanos Atlántico y Pacífico. Si bien un presidente de Estados Unidos tiene autoridad legal para instruir al U.S. Board on Geographic Names, el organismo interinstitucional creado en 1890 para estandarizar los nombres de lugares estadounidenses, a fin de actualizar los mapas oficiales y las bases de datos nacionales, Reich señala que esa autoridad existe para mantener la uniformidad —lo contrario de lo que está haciendo Trump, a su juicio—. También cuestiona por qué Google Maps y Apple Maps están siguiendo la decisión de Trump de cambiar estos nombres de lugares, y elogia a MapQuest por negarse. El episodio ilustra cómo una decisión doméstica de nomenclatura puede tener repercusiones externas, ya que Google dijo que mostraría "Gulf of America" a los usuarios de Estados Unidos mientras mantendría "Gulf of Mexico" en otras regiones, dejando a distintas poblaciones viendo nombres diferentes para las mismas aguas.
Las preocupaciones de Reich van más allá de los nombres de lugares y alcanzan a los sitios venerados que se comparten. La Casa Blanca en Washington, D.C., escribe, es tan parte de la realidad compartida y del patrimonio común como el lago Ontario o el golfo de México. El presidente Theodore Roosevelt dijo una vez de la Casa Blanca que su "stately simplicity is … in accord with the purposes it was designed to serve" (su austera sencillez está en armonía con los propósitos para los que fue diseñada), y que protegerla brinda continuidad con el pasado. El presidente de la Corte Suprema, John Roberts, citó esta frase en su disidencia de la opinión reciente de la mayoría de la Corte que permite a Trump continuar la construcción de su salón de baile. Una vez que un enorme salón de baile se alce en lugar del Ala Este, argumenta Reich, la Casa Blanca perderá esa continuidad con el pasado.
Lo mismo ocurre, escribe, con el Reflecting Pool, el largo estanque que se extiende hacia el este desde el Monumento a Lincoln hasta el Monumento a Washington. Trump mandó pintar de azul oscuro su fondo y ahora afirma que unos vándalos provocaron que la pintura se descascarara. Al oeste del Monumento a Lincoln se encuentran el Cementerio Nacional de Arlington y la señorial Mansión Lee-Custis —también parte del patrimonio compartido—, y Trump quiere erigir un arco gigante que bloquearía esa vista.
Reich aclara que no sostiene que la realidad compartida deba permanecer inmutable en el tiempo: los nombres de lugares en los que se ha confiado toda la vida pueden cambiarse, y los edificios y monumentos icónicos pueden alterarse. Pero ninguna persona, sostiene, debería poder cambiar de manera sumaria y temeraria estos lugares —el lago Ontario, el golfo de México, la Casa Blanca, el Reflecting Pool, la vista desde el Monumento a Lincoln—. En una democracia, nadie debería alterar arbitrariamente los nombres de lugares y los sitios físicos que anclan, orientan y otorgan un significado compartido.
El "robo de lugares" de Trump, escribe Reich, es otra forma de afirmar su dominancia: señalar el poder de alterar el mundo a voluntad, obligar a las personas a llamar a los lugares como él decida, aceptar cualquier alteración física que haga y someterse a lo que Reich describe como una de las formas más íntimas de sumisión: literalmente perder el propio lugar.
Reich espera que cuando otras personas vuelvan a estar a cargo, entre sus primeras acciones esté restaurar los nombres, demoler las imposiciones y recuperar las comprensiones comunes de dónde y quiénes son los estadounidenses. Qué tan duraderos resulten estos cambios de nombre y alteraciones físicas sigue siendo una pregunta abierta, ya que los nombres de lugares establecidos por una administración pueden ser cambiados por la siguiente, y la decisión de la Corte Suprema sobre el salón de baile fue una decisión de mayoría con una disidencia destacada.
Robert Reich es profesor de políticas públicas en Berkeley y exsecretario de Trabajo. Sus escritos pueden encontrarse en .