La inflación subyacente de Japón se estima en 2.7% en junio; datos del BOJ muestran desaceleración
Puntos clave
- •El IPC subyacente de Japón de junio se estimó en 2.7% interanual, sin cambios frente al mes anterior.
- •La estimación del IPC subyacente-excluyendo energía de junio cayó a 2.0% desde 2.1%, su nivel más bajo desde julio de 2024.
- •El IPC subyacente-excluyendo energía es la medida más seguida por el Banco de Japón porque excluye la energía y refleja mejor la inflación de fondo.
- •La estimación del promedio recortado subió a 1.6% desde 1.5% en abril y mayo, lo que indica que las presiones de precios siguen presentes.
- •Los últimos datos no parecen crear urgencia para que el Banco de Japón eleve más las tasas de interés.

El IPC subyacente de Japón de junio se estimó en 2.7% interanual, sin cambios frente al mes anterior.
La estimación del IPC subyacente-excluyendo energía de junio fue de 2.0% interanual, frente a 2.1% en la lectura previa.
En el conjunto de datos del Banco de Japón, el IPC subyacente todavía incluye los costos de energía, aunque excluye los alimentos frescos y los factores institucionales. El IPC subyacente-excluyendo energía también excluye la energía, lo que lo convierte en la medida más importante para evaluar la perspectiva de inflación de fondo, especialmente mientras los responsables de política siguen buscando evidencia de que las alzas de precios se mantienen más allá de los efectos de importación y energía.
Con ese contexto, no sorprende que los precios subyacentes se mantengan elevados, en particular después del fuerte repunte de marzo y abril. El IPC subyacente había bajado desde un máximo de 3.0% en agosto del año pasado hasta 2.2% en febrero de este año, antes de volver a subir a 2.8% en abril y luego descender ligeramente en mayo.
Por su parte, los precios subyacentes-excluyendo energía han seguido desacelerándose desde un máximo de 3.6% en julio del año pasado. La estimación de 2.0% de junio prolonga esa tendencia bajista y marca la lectura más baja desde julio de 2024. Eso podría complicar los intentos del BOJ de utilizar los datos de inflación como justificación para nuevos aumentos de las tasas de interés, porque sugiere que la tendencia general de precios sigue siendo más débil de lo que implica por sí sola la cifra principal.
Por ahora, el impacto continuo del conflicto en Medio Oriente podría seguir influyendo en el relato. Aun así, el panorama actual de inflación sigue reflejando más presión por empuje de costos que la inflación impulsada por salarios que el BOJ quiere ver.
Dicho esto, la estimación del promedio recortado muestra que las presiones de precios siguen presentes, con una lectura de 1.6%. Eso supone un leve aumento respecto al 1.5% de abril y mayo, pero solo devuelve la medida a los niveles de febrero y marzo. La estimación se había mantenido por encima de 2% de enero a noviembre del año pasado antes de volver a caer por debajo de ese umbral y permanecer más baja desde entonces.
En conjunto, no parece un entorno demasiado convincente como para que el BOJ tenga que actuar con urgencia. Todo depende de si los responsables de política quieren presentarlo como el vaso medio lleno o medio vacío.