Los traslados de oro de Países Bajos y Francia intensifican el debate sobre el riesgo de confiscación en EE. UU. bajo Trump
Puntos clave
- •El banco central de los Países Bajos trasladó oro fuera de Nueva York, citando inestabilidad geopolítica, tras repatriar más de 120 toneladas desde esa ciudad en 2014.
- •El fondo petrolero noruego de 2,4 billones de dólares propuso reducir su exposición a deuda pública del 70% al 50%, recortando tenencias de bonos del Tesoro.
- •Economistas atribuyen el patrón a la imprevisibilidad del presidente Trump más que a una amenaza de política específica, con la Orden Ejecutiva 6102 de 1933 citada como precedente histórico.
- •Los bancos centrales han enmarcado sus decisiones en torno a liquidez y preparación para crisis, y no al riesgo de confiscación, dejando ese vínculo más directo a comentaristas externos.
- •Alemania, que mantiene aproximadamente un tercio de sus reservas de oro en Nueva York, conserva su confianza en la Reserva Federal pese a la presión interna para repatriar y al precedente de repatriación de 2013-2017.

Un goteo silencioso de bancos centrales que trasladan oro y bonos fuera de Estados Unidos empieza a parecer un patrón, y la pregunta ahora es si Alemania, el mayor tenedor de todos, termina por sumarse.
El banco central de los Países Bajos ha trasladado oro fuera de Nueva York, siguiendo un paso similar de Francia a principios de año. El banco central neerlandés citó la "inestabilidad geopolítica" en su decisión. No es la primera vez: los Países Bajos repatriaron más de 120 toneladas de oro desde Nueva York en 2014, por lo que el país tiene un historial de ajustar dónde se ubican sus reservas. Por separado, el fondo petrolero noruego de 2,4 billones de dólares ha planteado un plan para reducir sus tenencias de bonos del Tesoro y bajar su exposición total a deuda pública del 70% al 50%, según un portavoz del fondo.
Un economista jefe de EE. UU. dijo a MarketWatch que el patrón refleja un choque creciente entre el estatus de Estados Unidos como refugio financiero y el uso que hace el presidente Trump de la presión económica y militar para avanzar en su agenda.
Imprevisibilidad más que una amenaza específica
El economista sostuvo que el motor subyacente es menos una amenaza de política concreta y deliberada que lo que describió como "la irracionalidad del presidente": la imprevisibilidad del propio Trump. Señaló como ejemplo reciente la amenaza de Trump, la semana anterior, de cortar los lazos comerciales con los países que tienen superávit con EE. UU. a menos que la Reserva Federal baje las tasas de interés.
Planteó la pregunta de si Trump podría decidir de repente que el oro mantenido en Nueva York no debe poder salir, aunque reconoció que las probabilidades de que eso ocurra parecen bajas. La preocupación responde a un precedente histórico: en 1933, la Orden Ejecutiva 6102 del presidente Franklin D. Roosevelt prohibió la mayoría de la tenencia privada de oro en EE. UU., episodio citado con frecuencia en los debates sobre hasta dónde puede llegar el poder ejecutivo sobre las tenencias de oro. Los bancos centrales, dijo, no obstante no se equivocan al sopesar ese riesgo, al menos hasta que haya más claridad sobre la política de EE. UU. una vez que el segundo mandato de Trump termine en enero de 2029. Preguntado si era prudente que los neerlandeses sacaran su oro en esas circunstancias, dijo que entendía la decisión.
Un contexto más amplio de presión
La lista de desarrollos citados junto con los movimientos de oro y bonos es considerable: la amplia guerra arancelaria de Trump que perturbó los mercados el año pasado, la captura del líder venezolano Nicolás Maduro en enero, el inicio de la guerra entre EE. UU. e Irán en febrero, y los planes divulgados a finales de agosto para tomar el control de más de 65 mil millones de barriles de petróleo venezolano. A ello se suman fricciones repetidas con los aliados europeos y de la OTAN, una campaña en torno a Groenlandia y sus recursos naturales, y una disputa comercial escalada con Canadá.
Los bancos centrales evitan el discurso de la confiscación
Por sí solo, el movimiento neerlandés —un traslado de las reservas de oro neerlandesas fuera de Norteamérica— es modesto en relación con las reservas globales, pero el patrón importa más que cualquier transferencia individual. Tres desarrollos ahora conviven: el traslado de oro de los Países Bajos, la repatriación previa de Francia y los planes reportados del fondo soberano noruego de reducir su exposición al Tesoro del 70% al 50% de sus tenencias de bonos.
En conjunto, apuntan a una tendencia de diversificación genuina, aunque aún en etapa temprana, entre tenedores tradicionalmente confiables de activos estadounidenses —una que importaría significativamente para la demanda de bonos del Tesoro y el estatus de reserva del dólar si Alemania, el mayor tenedor extranjero de oro almacenado en EE. UU., siguiera el mismo camino. También encaja en una trayectoria más larga: los bancos centrales a nivel global han sido compradores netos de oro durante años, con compras oficiales de oro alcanzando niveles récord en los últimos años, a medida que los bancos centrales de mercados emergentes, en particular, se diversifican lejos del dólar.
Cabe destacar que los bancos centrales involucrados, en general, no han enmarcado sus propias decisiones en términos de riesgo de confiscación, citando en cambio liquidez y preparación para crisis, mientras que son los comentaristas externos y economistas quienes trazan el vínculo más directo con la imprevisibilidad de Trump. Que esa brecha se acorte o persista probablemente sea una señal más importante que el próximo movimiento de cualquier país en particular.
Alemania, el punto clave a observar
Alemania, que mantiene la mayor proporción de oro de cualquier país en Nueva York —aproximadamente un tercio de sus reservas totales— ha enfrentado una creciente presión política interna para repatriar, pero hasta ahora ha sostenido que la Reserva Federal de Nueva York sigue siendo una socia de custodia confiable. Alemania ya pasó por esto: entre 2013 y 2017, el Bundesbank completó un programa temprano de repatriación, trayendo a casa cientos de toneladas de oro desde Nueva York y París antes de lo previsto, de modo que cualquier nueva decisión no carecería de precedente. Que su posición actual se mantenga, o que Alemania termine siguiendo los pasos de los Países Bajos y Francia, probablemente será la señal más clara de hasta dónde puede llegar esta tendencia.
Fuentes: Investinglive, Newsweek, MarketWatch, Nasdaq