El verdadero 'síndrome de la derangement de Trump': Kushner, Hegseth y la mentalidad de 'solo yo puedo arreglarlo'
Puntos clave
- •Una columna de opinión de Alternet, citando un perfil de Dexter Filkins en The New Yorker, sitúa la responsabilidad principal por la guerra con Irán —tras el propio presidente Trump— en Jared Kushner, afirmando que llevó al país al conflicto sin entender lo que Irán ofrecía para evitarlo.
- •El perfil de The New Yorker describe a Kushner y su asociado Steve Witkoff como quienes arruinaron sus misiones de pacificación tanto en Irán como en Ucrania.
- •En un discurso de 2024 en Harvard, descalificó el acuerdo nuclear con Irán de 2015 como uno de los acuerdos más estúpidos de la historia y calificó los acuerdos de paz de Oslo de 1993 como un fracaso total.
- •Diputados de la Cámara han presentado resoluciones para someter a juicio político al secretario de Defensa Pete Hegseth por la presunta mala gestión de la guerra, lo que llevó al presidente de la Cámara, Mike Johnson, a decretar un receso anticipado para que los republicanos pudieran evitar una votación embarazosa.
- •La columna sostiene que fracasos similares atraviesan el gabinete de Trump 2.0, citando al secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr. por los brotes de sarampión y ciclosporosis, al Departamento de Eficiencia Gubernamental de Elon Musk, al vicefiscal general Todd Blanche y al director del FBI Kash Patel.

Una columna de opinión publicada por Alternet sostiene que, aparte del propio presidente Donald Trump, la persona con mayor responsabilidad por la guerra con Irán y sus calamitosas consecuencias es su yerno y principal enviado diplomático, Jared Kushner —asesor sénior en la primera administración de Trump—, una figura que el escritor presenta como la encarnación de lo que él llama el verdadero "síndrome de la derangement de Trump": la creencia, en espejo de la inflada autoestima del presidente, de que "solo yo puedo arreglarlo", sea cual sea el problema.
La columna se apoya firmemente en un nuevo y demoledor perfil de Kushner en The New Yorker de Dexter Filkins, un colaborador veterano de la revista conocido por sus crónicas sobre guerra y política exterior, que según el autor expone la "arrogancia asombrosa" tras los fracasos de Kushner tanto en Irán como en Ucrania, donde él y su asociado Steve Witkoff son descritos como quienes arruinaron sus misiones de pacificación. Según la revista, Kushner llevó a Estados Unidos ciegamente al conflicto militar sin entender lo que los iraníes ofrecían para evitarlo.
Filkins también destaca un discurso de 2024 que Kushner pronunció en Harvard —una institución donde, señala la columna, su padre una vez pagó 2,5 millones de dólares para asegurar su admisión. En ese discurso, Kushner descalificó el acuerdo nuclear de la era Obama con Irán de 2015 —almente el Plan de Acción Integral Conjunto, que canjeaba el alivio de sanciones por límites al programa nuclear iraní— como "uno de los acuerdos más estúpidos" de la historia, y calificó los acuerdos de paz de Oslo de 1993 —el acuerdo entre Israel y la OLP que estableció un marco para la autogobernanza palestina— como "un fracaso total". Sobre su propia labor durante la primera administración de Trump, en la que su portafolio de Oriente Medio incluyó la mediación de los Acuerdos de Abraham de 2020 que normalizaron las relaciones entre Israel y varios países árabes, dijo, con lo que el escritor llama modestia característica: "Mi historial de éxito en Oriente Medio sí creo que es incomparable en los últimos muchos años".
El columnista —que dice haber observado de cerca a Kushner mientras "hundía el periódico New York Observer", el semanario que Kushner compró en 2006— escribe que nada de esto le sorprendió. Si "éxito" significa atraer transferencias de miles de millones de dólares, de naturaleza sobornosa, de los regímenes despóticos de la región hacia el fondo privado de Kushner, añade, la jactancia sería difícil de refutar. Mientras tanto, la guerra con Irán se prolonga sin salida, produciendo lo que el autor describe como nada más que vergüenza, gastos, penurias económicas y derramamiento de sangre inútil para Estados Unidos y sus aliados.
Este síndrome, argumenta la columna, es epidémico entre los principales nombramientos de Trump. El presidente, dice, tiene un instinto infalible para elegir a personas que imitan sus peores cualidades, con resultados previsiblemente malos. Un ejemplo destacado es el secretario de Defensa Pete Hegseth, un ex presentador de Fox News descrito como un jefe militar históricamente carente de credenciales que insiste en que lo llamen "secretario de guerra".
La columna acusa a Hegseth de gestionar mal la guerra y de intentar ocultar el daño real que ha causado a los soldados estadounidenses, a la infraestructura de defensa y a la seguridad nacional —una conducta que describe como un nivel de incompetencia rara vez visto incluso en el Pentágono. Las tropas en la región, escribe el autor, han enviado imágenes y mensajes clandestinos que exponen lo que Hegseth y Trump han intentado ocultar. Eso, sugiere la columna, podría explicar por qué diputados de la Cámara han presentado resoluciones para someter a Hegseth a juicio político, lo que llevó al presidente de la Cámara, Mike Johnson, a decretar un receso anticipado esta semana para que los republicanos pudieran evitar una votación embarazosa. Si esas resoluciones avanzan cuando laámara regrese del receso es el indicio más inmediato a seguir.
A través de lo que el escritor llama el gabinete de Trump 2.0, se repite una y otra vez la misma conducta fanfarrona, ignorante y en última instancia ruinosa, con funcionarios que no reconocen autoridad ni experiencia más allá del propio Trump —"a quien reverencian con una adulación repugnante".
Entre los casos más peligrosos, a juicio del autor, está el secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr., cuyo mandato ha visto brotes mortales de sarampión —una enfermedad que Estados Unidos había declarado eliminada en 2000, hasta que la vacunación fue socavada— y de ciclosporosis, una enfermedad intestinal causada por un parásito que suele transmitirse por alimentos y agua contaminados, que devastó comunidades tras los recortes en los sistemas que controlan tales amenazas. Cuando Kennedy no miente, "lo cual es casi siempre", dice la columna, pronuncia disparates que hacen blanquear a los científicos. Añade que ha pasado años calumniando al doctor Anthony Fauci, un funcionario con conocimiento genuino de las enfermedades infecciosas y la salud pública, mientras prefiere "una mezcolanza de opiniones turbias de raros de internet que lucran con remedios de curandero" —lo que el escritor llama lo peor del siglo XIX entregado a la velocidad del siglo XXI.
La lista, continúa el autor, no se acaba. Cita a Elon Musk, descrito como un necio presuntuoso cuya cruzada de "eficiencia" gubernamental —ejecutada a través del Departamento de Eficiencia Gubernamental— causó cientos de miles de muertes en el extranjero y aún podría traer a costas estadounidenses un brote récord e incurable de ébola. Señala a Todd Blanche, vicefiscal general del Departamento de Justicia, cuyo enfoque de "mandíbula en alto" en las persecuciones federales ha vaciado el Departamento de Justicia y destrozado el sistema de justicia penal, y a Kash Patel, director del FBI, caracterizado como una figura abusadora de privilegios que ha desmantelado la aplicación federal de la ley y las capacidades de contrainteligencia del país —para deleite, dice el escritor, de los adversarios en Rusia, China, Irán y Corea del Norte.
Nadie que conozca a Kushner, Hegseth, Kennedy, Patel o Trump, concluye la columna, se sorprende por esta actuación. Lo que sigue siendo sorprendente, a juicio del autor, es cuánta gente en el país ha terminado aceptando lo inaceptable.