El paso de Venezuela del bolívar al dólar sería el mayor cambio de moneda desde el euro, según Steve Hanke, el “Money Doctor”
Puntos clave
- •El economista de Johns Hopkins Steve Hanke, nombrado asesor especial de la Asamblea Nacional de Venezuela, propone la dolarización plena —abandonar el bolívar y el banco central— como remedio para la inflación del 400% en Venezuela.
- •Hanke estima que existe una probabilidad de entre el 50% y el 80% de que se apruebe la dolarización, lo que marca su segundo intento después de que su plan de junta monetaria de mediados de los años noventa no lograra mayoría en la Asamblea Nacional.
- •Los dólares ya dominan el comercio cotidiano venezolano tras la hiperinflación iniciada en 2017 y la relajación de los controles de cambio en 2019, un fenómeno que Hanke denomina “dolarización espontánea”.
- •La dolarización formal le costaría a Venezuela su banco central como prestamista de última instancia y entregaría la política monetaria a la Reserva Federal de Estados Unidos, mientras que la experiencia de Argentina bajo Javier Milei ilustra la dificultad política de un cambio de este tipo.
- •Hanke sostiene que la dolarización atraería inversión extranjera al sector petrolero de Venezuela —respaldado por las mayores reservas probadas del mundo—, generaría dólares para atender una deuda de 250.000 millones de dólares y podría llevar a la economía de un crecimiento negativo este año a un crecimiento positivo el próximo año.

Steve Hanke, el economista de Johns Hopkins conocido como el “Money Doctor” por asesorar a gobiernos de todo el mundo sobre cómo dominar la inflación mediante la política monetaria, afirma que Venezuela debería adoptar plenamente el dólar estadounidense, un cambio que describe como el mayor cambio de moneda desde el debut del euro en 1999, cuando 11 países europeos retiraron sus monedas nacionales en favor de la nueva moneda única.
Hanke, profesor de economía aplicada de la Universidad Johns Hopkins, ha sido nombrado asesor especial de la Asamblea Nacional de Venezuela. En una entrevista con Shawn Tully de Fortune, dijo que su receta para la inflación del 400% que atraviesa el país es la dolarización plena: abandonar tanto el bolívar como el banco central.
La lógica es eliminar el riesgo de que un banco central imprima dinero para ayudar al gobierno a pagar sus cuentas, una práctica que aviva el alza de los precios.
“Dominar la inflación es la clave para restaurar la estabilidad en Venezuela, y de ahí se deriva todo el demás progreso”, explicó Hanke. “La estabilidad no lo es todo, pero sin estabilidad, que significa precios estables, no se tiene nada. Y no hay mejor caso de estudio que demuestre esa verdad que Venezuela”.
Su trayectoria respalda esa visión. Hanke persuadió a Montenegro en 1999 de abandonar el dinar yugoslavo en favor del marco alemán. Un año después, supervisó el cambio de Ecuador del sucre al dólar estadounidense, la primera dolarización en América Latina desde la de Panamá un siglo antes. Ecuador ha mantenido el dólar desde entonces, al igual que El Salvador, que lo siguió en 2001. En 2009 se convirtió en asesor informal del primer ministro de Zimbabue mientras el país se dolarizaba y controlaba la inflación; un nuevo gobierno abandonó el dólar en 2013 y la hiperinflación regresó.
Venezuela representa el segundo intento de Hanke. Su plan para una junta monetaria a mediados de los años noventa —un esquema bajo el cual los bolívares solo se habrían emitido cuando estuvieran plenamente respaldados por dólares estadounidenses a un tipo de cambio fijo— no logró mayoría en la Asamblea Nacional. Esta vez, estima que las probabilidades de que se apruebe la dolarización oscilan entre el 50% y el 80%.
“Sería el mayor cambio de monedas nacionales a una alternativa desde la introducción del euro en 1999”, le dijo a Tully de Fortune.
De hecho, el dólar ya es una parte integral de la economía venezolana. Los venezolanos se volcaron hacia la divisa verde tras años de hiperinflación que comenzaron en 2017 —un episodio que el Fondo Monetario Internacional en algún momento proyectó que alcanzaría el millón por ciento— y tras dos reconversiones monetarias, en 2018 y 2021, que eliminaron ceros al bolívar. El cambio se afianzó después de que las autoridades relajaran en 2019 los controles de cambio de larga data, permitiendo a las empresas fijar precios y cobrar en dólares. El bolívar se ha desplomado un 78% frente a la divisa verde solo en el último año, y la mayoría de los consumidores ahora compra prácticamente todo con dólares. Casi todas las personas que ni trabajan para el gobierno ni reciben ayudas públicas o pensiones usan la moneda estadounidense. Hanke afirmó que esta “dolarización espontánea” aumenta las probabilidades de un cambio de moneda oficial.
Formalizar ese esquema todavía enfrenta obstáculos formidables. Venezuela perdería su banco central, que actúa como prestamista de última instancia, y en la práctica entregaría la política monetaria a la Reserva Federal, que fija las tasas de interés pensando en las condiciones de Estados Unidos.
Argentina ofrece un paralelo aleccionador. El presidente Javier Milei hizo campaña a favor de la dolarización, pero se alejó de la idea tras asumir el cargo. Aunque enfrió la inflación de manera pronunciada al recortar subsidios y el déficit fiscal, la tasa anual sigue siendo alta, y Argentina debe seguir defendiendo su peso atado al dólar. Las elecciones regionales del año pasado, que aplastaron al partido de Milei, hundieron al peso en una espiral, lo que llevó al secretario del Tesoro, Scott Bessent, a intervenir con una línea de swap de divisas.
Aun así, Hanke ve en la dolarización la clave para destrabar la economía de Venezuela, que depende en gran medida de las exportaciones de petróleo. Según cifras de la OPEP, el país posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo. Previó que un cambio de moneda induciría un gran aumento de la inversión extranjera en el sector petrolero.
Además está la deuda venezolana de 250.000 millones de dólares, equivalente a alrededor del 150% del PIB. Hanke afirmó que un aumento de la producción proporcionaría los dólares necesarios para pagar el capital y los intereses. El fin de la hiperinflación también reduciría las tasas de interés, añadió, lo que impulsaría una ola de préstamos de consumidores y empresas que podría, a su vez, encender el mercado inmobiliario e impulsar la inversión interna.
“Si sucede pronto, Venezuela pasaría de un crecimiento negativo este año a un crecimiento positivo el próximo año”, dijo Hanke.
Esta nota fue publicada originalmente en Fortune.com.