NoticiasMacroTyler Cowen propone la autorregulación al estilo de FINRA como la forma «menos mala» de gobernar la IA

Tyler Cowen propone la autorregulación al estilo de FINRA como la forma «menos mala» de gobernar la IA

Autor: Marginal Revolution·

Puntos clave

  • •Cowen propone un regulador de IA privado y sin fines de lucro, inspirado parcialmente en FINRA y supervisado por Washington, posiblemente a través del Centro de Estándares e Innovación de IA.
  • •El organismo propuesto auditaría periódicamente a los principales laboratorios de IA y a sus modelos, con un enfoque inicial en el riesgo de ciberseguridad.
  • •Las empresas que aprueben la auditoría recibirían una exención de la ley de responsabilidad estándar si pueden demostrar un cuidado básico y razonable y evitar una negligencia extrema o deliberada.
  • •Cowen argumenta que los participantes de la industria tienen fuertes incentivos para respaldar los estándares de seguridad, porque los fallos de una empresa podrían dañar a todo el sector.
  • •Afirma que el gobierno carece de una experiencia técnica comparable y que la gobernanza efectiva de la IA dependerá de cómo la industria, los reguladores y los tribunales dividan la responsabilidad.
Tyler Cowen propone la autorregulación al estilo de FINRA como la forma «menos mala» de gobernar la IA

El economista Tyler Cowen sostiene que la forma «menos mala» de regular la inteligencia artificial es confiar en que los principales laboratorios de IA actúen como sus propios reguladores primarios, mediante un organismo privado de supervisión autorizado y vigilado por Washington.

El argumento aparece en su más reciente columna de The Free Press, extractada en el blog de economía Marginal Revolution el 27 de agosto de 2026. «La clave es crear algunas salvaguardas básicas, pero sin sofocar el avance más amplio de la IA», escribe Cowen. Para lograrlo, sostiene, «debemos desafiar la sabiduría convencional sobre la supervisión pública y, en cambio, confiar en que los laboratorios de IA sean sus propios reguladores primarios».

Un regulador al estilo de FINRA para la IA

La propuesta comienza por definir un organismo privado sin fines de lucro para la regulación de la IA. Un organismo ideal tomaría características de FINRA (la Autoridad Reguladora de la Industria Financiera): un consorcio de firmas financieras que examina las prácticas comerciales de cada miembro y emite recomendaciones, ayudando a la Comisión de Bolsa y Valores federal en la supervisión y la regulación.

La versión para la IA incluiría a los principales laboratorios y sería autorizada y supervisada por Washington, quizás a través del aún incipiente Centro de Estándares e Innovación de IA. Según Cowen, esto daría a los responsables de las políticas públicas una manera de establecer barreras de protección en torno a los modelos avanzados sin exigir que las agencias gubernamentales construyan desde cero toda la experiencia técnica pertinente.

Auditorías periódicas y una exención de responsabilidad

Este organismo auditaría periódicamente a las principales empresas de IA y a sus modelos, evaluando su conducta y su seguridad. Al menos en el corto plazo, gran parte de ese trabajo se centraría en la ciberseguridad, en particular en si los nuevos modelos generan más riesgos cibernéticos de los que ayudan a resolver.

Una empresa que aprobara la auditoría quedaría exenta de la ley de responsabilidad estándar, siempre que hubiera demostrado un cuidado básico y razonable, y no una negligencia extrema o deliberada. En opinión de Cowen, esto liberaría a los laboratorios de IA del temor a que los tribunales descarrilen su negocio al conceder indemnizaciones enormes a demandantes por daños mal definidos que no podrían haberse prevenido razonablemente, y les daría un fuerte incentivo para cumplir los estándares de seguridad de este organismo.

¿Juzgaría con imparcialidad un organismo de la industria?

Es razonable preguntarse, señala Cowen, si un organismo compuesto por actores de la industria emitiría juicios de seguridad justos y equitativos. «Quizás no. Sin embargo, hay muchas ventajas y no existe una mejor alternativa».

Una ventaja: cada empresa sabe que un modelo peligroso de otra empresa podría causar un incidente dañino y afectar las perspectivas de toda la industria. Cowen menciona el colapso de Three Mile Island en 1979, que contribuyó de manera significativa a la paralización de toda la industria nuclear estadounidense. Pocas personas pueden nombrar a la empresa detrás de la planta averiada —Metropolitan Edison— porque la penalización reputacional recayó sobre la industria en su conjunto.

Otro incentivo para la seguridad es que las empresas líderes no quieren demasiada competencia de recién llegados con precios más bajos y menor calidad. Eso también llevará a esas empresas a respaldar estándares bastante estrictos, «quizás excesivamente estrictos en algunos casos».

La implicación más amplia del argumento de Cowen es que la gobernanza de la IA podría terminar dependiendo menos de un reglamento tradicional que de cómo los participantes de la industria, los reguladores y los tribunales dividan la responsabilidad a medida que la tecnología siga avanzando. Por ahora, argumenta, eso hace que la experiencia técnica dentro de los laboratorios sea especialmente importante para cualquier régimen de supervisión que aspire a ser aplicable y no meramente simbólico.

«Aun así, estamos eligiendo entre alternativas imperfectas», concluye Cowen. «La verdad concreta, nos guste o no, es que hay mucha más experiencia dentro de las empresas para juzgar la seguridad de la IA de la que podemos esperar encontrar en el gobierno federal en el corto plazo».

Agradecimientos

Cowen escribe que está en deuda con algunas ideas de Dean Ball, y señala que la propuesta de Ball es algo diferente; también dirige a los lectores a los comentarios de Brendan McCord.