El momento Carter de Trump: inflación, choques petroleros y sondeos en descenso ponen en alerta al GOP
Puntos clave
- •La inflación actual en EE.UU. se ubica en 3,4 por ciento, muy por debajo de los niveles de la era Carter, pero la columna sostiene que Trump está elevando activamente los precios con sus políticas, mientras que a Carter se le culó por una inflación que no causó.
- •Nuevos sondeos de Fox y de la Universidad Marquette sitúan a Trump 50 y 61 puntos en terreno negativo respectivamente en inflación, calificaciones que Harry Enten, de CNN, describió como peores que cualquier registro de Carter, Reagan o Biden.
- •Los precios del diésel batieron récords cuatro días consecutivos, y un asesor del liderazgo supremo de Irán dijo que el estrecho de Ormuz seguirá cerrado hasta que Trump y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu sean removidos del poder.
- •Un sondeo de Siena muestra a los demócratas liderando las carreras al Senado y a la gobernación de Texas, un patrón que, según el autor, podría señalar un viraje nacional, ya que ningún candidato presidencial republicano puede ganar sin los 40 votos electorales de Texas.
- •La Reserva Federal subió las tasas de interés el miércoles y se espera que vuelva a hacerlo antes de fin de año, mientras el autor sugiere que una inflación prolongada podría desacreditar al movimiento MAGA y a la economía de la oferta para 2028.

Las analogías históricas siempre son arriesgadas, pero entre una economía tensionada, precios récord de los combustibles y una brutal nueva ronda de sondeos, el presidente Donald Trump está desprendiendo un inconfundible aire a Jimmy Carter —al menos en lo que respecta al costo político de la inflación.
En esta narración, Carter fue un presidente capaz que fue derrotado por fuerzas fuera de su control, ante todo la inflación. Al final de su mandato superó el 10 por ciento, tras alcanzar un pico de 13 por ciento en 1979. Con razón o sin ella, con justicia o sin ella, quedó definido por su incapacidad de domarla.
Actualmente la inflación se sitúa en apenas 3,4 por ciento, lejos de los niveles de la era Carter. Pero el autor sostiene que Trump sigue un rumbo similar, con una diferencia crucial: en lugar de simplemente fracasar en contener el alza de precios, los está impulsando activamente mediante una tríada de decisiones que el columnista califica de deportaciones ilegales, impuestos ilegales y, sobre todo, una guerra ilegal.
Carter enfrentó choques petroleros que elevaron los precios; en esta lectura, Trump los está generando. Los precios del diésel batieron récords cuatro días consecutivos, y los de la gasolina siguieron el mismo camino. Como los costos del combustible repercuten en casi todo lo demás, los precios de los alimentos están sintiendo el impacto. Y así como el público se volteó contra Carter, parece estar volteándose contra Trump, con un desaprobación generalizada de su manejo de la inflación.\nUn nuevo sondeo de Fox sitúa a Trump 50 puntos en terreno negativo en el tema; una nueva encuesta de la Universidad Marquette ubica la cifra en 61 puntos. Ni siquiera Carter, cuya presidencia terminó efectivamente por la inflación, lo hizo tan mal.
"Peor que Carter, peor que Reagan, peor que Biden", dijo Harry Enten, de CNN. "Es peor que los tres, y es peor que cualquier sondeo de sí mismo con estos 61 puntos negativos. Literalmente, el peor de todos los tiempos".
Lo que está en juego va más allá de una sola presidencia. La inflación no solo confinó a Carter a un mandato; desacreditó al liberalismo como corriente de pensamiento legítima. Ese veredicto fue injusto —Carter no era económicamente liberal—, pero así lo retrataron Ronald Reagan y sus aliados, y Reagan cabalgó ese encuadre hasta la dominación en 1980, ganando todos los estados salvo seis.
Una consecuencia duradera fue la percepción pública de que el New Deal y la Great Society —programas federales que promovían la libertad, la igualdad y la justicia para todos— eran simplemente demasiado costosos. Con el tiempo fueron abandonados o vaciados de contenido. El resultado, en palabras del autor, es un mundo de factura reaganiana, en el que los estadounidenses comunes se abren paso entre espesuras de burocracia para obtener asistencia pública, mientras los obscenamente ricos reciben subsidios sin condiciones.
En ese sentido, el mandato de Carter fue la bisagra de la historia: el fin de una época que va desde la Gran Depresión hasta la estanflación —la era en la que la alta inflación y el estancamiento coexistieron— y el inicio de otra que comenzó con la "economía de la oferta", la escuela que sostiene que los recortes de impuestos y la desregulación impulsan el crecimiento, y que ha desembarcado en lo que el autor llama una era de impunidad y corrupción. Tiene el aire de una evolución en fase terminal. Algo se va a romper en esta década, tal como se rompió en los años setenta.
La pregunta es si Trump quedará identificado con esa ruptura como Carter lo quedó con la suya.
Mucho dependerá del propio Trump. Es ampliamente comprendido que derrotó a Kamala Harris porque el electorado confiaba en él en materia de inflación —aunque la inflación en realidad caía en 2024, solo que no lo suficientemente rápido para alcanzar a una opinión pública moldeada durante la pandemia. Prometió bajar los precios desde el primer día. No lo hizo.
No solo el presidente ha acelerado un costo de vida ya elevado con lo que el autor considera decisiones terribles; además se niega a asumir la responsabilidad. En cambio hostiga a los votantes para que acepten la inflación como el costo de... bueno, nadie sabe bien de qué. Sus razones declaradas para atacar Irán han cambiado, pero la más citada es impedir que Irán obtenga una bomba nuclear. La columna señala que Irán no estaba cerca de alcanzar esa etapa de desarrollo. Ni siquiera ese objetivo ha bastado para sus seguidores más fervientes, algunos de los cuales se han lanzado a rogarle en redes sociales que ponga fin a la guerra y devuelva los precios del diésel a la normalidad.
Carter ha estado claramente en la mente de Trump. En junio, Associated Press le preguntó por qué no había enviado fuerzas especiales de EE.UU. para retirar el uranio de Irán. "No tenía ganas de ser Jimmy Carter", respondió.
"Eso evocó el fallido rescate de 1980 para liberar a los rehenes estadounidenses que mató a ocho militares americanos", reportó Associated Press en julio. "Trump también dijo en marzo que la misión fallida 'les costó la elección' contra Ronald Reagan en 1980, mostrando conciencia de las realidades políticas de una forma que no mostró cuando usaba a Carter como blanco de burlas".
Ahora Trump enfrenta una crisis de rehenes propia, solo que, como plantea la columna, él es el rehén. CBS News reportó que un asesor del liderazgo supremo de Irán dijo que el estrecho de Ormuz, el angosto cuello de botella del Golfo Pérsico para los envíos mundiales de petróleo, seguirá cerrado hasta que Trump y el israelí Benjamin Netanyahu sean "removidos del poder".
"Nuestros combatientes no abrirán el estrecho de Ormuz hasta que derriben del sillón del poder al criminal Trump y al sediento de sangre Netanyahu", dijo Mohammad Baqer Zolqadr, principal asesor de Mojtaba Khamenei, según la televisión estatal iraní.
Hay una diferencia crucial entre las situaciones de ambos presidentes. Las decisiones de Carter no causaron la inflación, aun así se le cultó por ella. Las decisiones de Trump, sostiene el autor, sí la causaron —y los votantes parecen listos para culparlo en números lo bastante grandes como para poner incluso a Texas en juego.
Un nuevo sondeo de Sienna sugiere que el candidato demócrata al Senado James Talarico supera al republicano Ken Paxton por seis puntos (49-43 por ciento), la candidata demócrata a gobernadora Gina Hinojosa supera al gobernador republicano Greg Abbott por cuatro (49-45 por ciento), y los demócratas están casi empatados en la intención de voto genérica, con republicanos en 47 por ciento y demócratas en 46 por ciento, un patrón que equivaldría a un terremoto en la legislatura de Texas.
Si ese patrón se mantuviera dos años más y los demócratas siguieran avanzando, sugeriría también un terremoto nacional: según el cálculo del autor, no hay camino a la victoria para un candidato presidencial republicano sin los 40 votos electorales del de la Estrella Solitaria.
Pase lo que pase en las elecciones legislativas de noviembre, Trump seguirá siendo presidente. Seguirá tomando decisiones que el autor considera terribles, y esas decisiones seguirán empujando la inflación al alza. La Reserva Federal subió las tasas de interés el miércoles —su principal herramienta para frenar el alza de precios— y se espera que vuelva a hacerlo antes de fin de año, pero podría resultar demasiado poco y demasiado tarde.
Dos años es muchísimo tiempo, lo bastante largo para que la culpa a Trump se vuelva permanente, y quizás lo bastante largo para desacreditar al movimiento MAGA y los cimientos ideológicos de los últimos 45 años. La corriente dominante solía llamar a la "economía de la oferta" una política. Para 2028, sugiere la columna, la corriente dominante podría estar llamándola robo.
El MAGA de Trump, en este encuadre, es la fase terminal del conservadurismo reaganiano. Si se pierde Texas, ese podría ser el fin de ambos.
El autor reconoce los límites del ejercicio: estas analogías históricas ya se han hecho antes, y resultaron equivocadas demasiadas veces como para inspirar mucha confianza. Aun así, el momento tiene un tono familiar. La política de fines de los años 2020 podría resultar tan decisiva en términos históricos como la de fines de los años setenta. Las transiciones de época suelen desencadenarse por crisis. La pandemia pareció en su momento la candidata obvia, y el primer mandato de Trump llegó a compararse con el de Carter. Pero quizás la verdadera crisis siempre fue la larga cola inflacionaria del covid. La historia, al parecer, está rimando.