NoticiasMacroColumna advierte que el 3 de enero de 2027 podría convertirse en una batalla por la conformación del próximo Congreso

Columna advierte que el 3 de enero de 2027 podría convertirse en una batalla por la conformación del próximo Congreso

Autor: Alternet·

Puntos clave

  • •La columna de Alternet sostiene que el 3 de enero de 2027, la fecha constitucionalmente programada para la reunión del 120.º Congreso, podría importar más que el día de las elecciones si los demócratas recuperan el Congreso en las elecciones de noviembre.
  • •El exjuez del Tribunal de Circuito de EE. UU. Michael Luttig ha descrito un escenario en el que el presidente de la Cámara, Mike Johnson, podría reemplazar al secretario de la Cámara, Kevin McCumber, por un fiel partidario que omita de la lista a suficientes demócratas electos para bloquear su investidura.
  • •Bajo el precedente de Powell v. McCormack de 1969, Luttig espera que los demócratas finalmente prevalezcan en los tribunales, pero el litigio podría tardar semanas o meses, dejando potencialmente a la Cámara incapaz de cumplir sus funciones de asignaciones y presupuesto.
  • •La columna advierte que el vicepresidente JD Vance, como presidente del Senado, sería responsable de tomar juramento a los nuevos senadores y podría negarse a dar posesión a un número crítico de demócratas.
  • •Trump ha invocado la Ley de Emergencias Nacionales al menos 21 veces, y la columna sugiere que podría explotar la turbulencia posterior a las elecciones declarando una emergencia nacional, aunque no existe autoridad legal que permita a un presidente controlar las elecciones federales.
Columna advierte que el 3 de enero de 2027 podría convertirse en una batalla por la conformación del próximo Congreso

Una columna de opinión publicada por Alternet sostiene que la fecha más trascendental del calendario posterior a las elecciones podría no ser el día de la votación en noviembre, sino el 3 de enero de 2027 —el día en que está previsto que se reúna el 120.º Congreso.

El artículo, publicado bajo el titular "January 3rd is the real date experts are petrified about", abre con una cita atribuida a Iósif Stalin: "Los que votan no deciden nada. Los que cuentan los votos deciden todo". Su premisa central es que si los demócratas recuperan el Congreso en las elecciones de medio mandato de noviembre —un resultado que, según la autora, sugieren casi todas las encuestas principales—, la administración Trump y sus aliados difícilmente aceptarán el resultado en silencio.

Entre las respuestas que la columna anticipa figuran: una avalancha de demandas que alegarán fraude electoral, exigencias de recuentos en todo el país, propaganda incesante sobre interferencia cibernética china e iraní, amenazas de procesar a funcionarios electorales estatales y posibles intentos de apoderarse de las máquinas de votación.

Si esas maniobras fracasan, escribe la autora, se prepararía el terreno para un enfrentamiento decisivo al estilo de "High Noon" el 3 de enero de 2027. Para preservar las mayorías republicanas en la Cámara y el Senado, se esperaría que el presidente librara lo que la columna describe como una batalla final de obstrucción y caos orquestado, que podría culminar en la declaración de una emergencia nacional. El motivo, argumenta la autora, sería evitar las audiencias e investigaciones que un Congreso demócrata probablemente iniciarían.

Bajo la Vigésima Enmienda, un nuevo Congreso se reúne a intervalos de dos años al mediodía del 3 de enero. El evento tiene carácter ceremonial, similar a la sesión conjunta del Congreso que cuenta los votos del Colegio Electoral el 6 de enero cada cuatro años. "Pero como vimos en 2021, la ceremonia puede dar paso rápidamente al sabotaje", escribe la autora.

Cada cámara establece sus propias reglas para la toma de posesión de los miembros nuevos y reelectos, y cada una, señala la columna, presentaría diferentes oportunidades para impugnar la investidura de los legisladores. Esa autoridad se remonta al Artículo I, Sección 5 de la Constitución, que convierte a cada cámara en juez de las elecciones, actas y calificaciones de sus propios miembros —la disposición que coloca las disputas de investidura ante el propio Congreso en primera instancia.

En un artículo publicado el mes pasado en The New Republic, el exjuez del Tribunal de Circuito de EE. UU. Michael Luttig describió un escenario en el que el presidente de la Cámara, Mike Johnson, podría usar la oficina del secretario de la Cámara para alterar el resultado de las elecciones de medio mandato y precip una crisis constitucional en un último esfuerzo por asegurar el control republicano.

El secretario es un administrador no partidista cuya tarea principal el 3 de enero es preparar la "lista" de los miembros electos, en la que se incluye a todas las personas elegidas y certificadas por sus respectivos estados para servir. Tras elaborar la lista, el secretario llama a los miembros electos a orden. Los miembros luego eligen a un nuevo presidente de la Cámara, quien a su vez toma juramento a los miembros electos, permitiendo que comience la primera sesión de la nueva Cámara y que la cámara atienda los asuntos de la nación.

Aunque las funciones del secretario son estrictamente ministeriales, Luttig postula que en algún momento antes del mediodía del 3 de enero, Johnson reemplazaría al actual secretario, Kevin McCumber, por un fiel partidario que se negaría a incluir en la lista a un número decisivo de demócratas, impidiendo su investidura. Según las reglas internas de la Cámara, el presidente de la Cámara tiene el poder unilateral de destituir al secretario en funciones, y bajo la ley federal, el poder de reemplazarlo con quien él desee hasta que toda la Cámara elija a un sucesor.

"McCumber", explica Luttig, "es un republicano designado por el expresidente de la Cámara Kevin McCarthy. Es ampliamente respetado por su integridad y su fiel adhesión a la Constitución, y se le considera reacio a cumplir órdenes que considere inconstitucionales". La columna señala que su reemplazo podría ser cualquier persona —menciona a Alina Habba, Mike Lindell y Laura Loomer como ejemplos. "No hay requisitos de edad, ciudadanía ni siquiera de cordura", escribe la autora.

Los demócratas señalados por un secretario indigno sin duda buscarían de inmediato el amparo de los tribunales, y Luttig cree que finalmente prevalecerían, apoyándose en un precedente de la Corte Suprema de 1969, Powell v. McCormack, que ordenó la investidura del representante de Nueva York Adam Clayton Powell después de que fuera excluido del 90.º Congreso por votación mayoritaria de los miembros de la Cámara pese a haber sido debidamente reelecto. Ese fallo estableció que el Congreso solo puede excluir a un miembro electo si no cumple los requisitos que la propia Constitución establece —edad, ciudadanía y residencia.

Pero cualquier litigio de este tipo llevaría tiempo, especialmente si las apelaciones llegaran hasta la Corte Suprema y sus seis magistrados designados por republicanos. Luttig sostiene que incluso la Corte Roberts bloquearía finalmente la acción de un secretario indigno, pero reconoce que los magistrados podrían esquivar los desafíos legales por razones técnicas —sosteniendo que la cuestión de la autoridad del secretario plantea una "cuestión política" fuera de su jurisdicción, o que cualquier intervención violaría la separación de poderes entre las ramas legislativa y judicial. Mientras tanto, advierte la columna, el país quedaría con una Cámara totalmente disfuncional, incapaz de cumplir incluso sus funciones más básicas de asignaciones y presupuesto.

Como cabría esperar, Luttig ha recibido considerable rechazo por su artículo. Los críticos de derecha lo han acusado de sembrar miedo, y algunos destacados comentaristas liberales, como el experto en derecho electoral Rick Hasen, han objetado que su escenario es "improbable".

Sin embargo, la columna argumenta que el análisis de Luttig podría no llegar lo suficiente lejos. No incluye, por ejemplo, ninguna discusión sobre lo que podría suceder el 3 de enero en el Senado. Incluso si los demócratas ganan la mayoría, el vicepresidente JD Vance seguiría siendo el presidente de esa cámara, y sería su responsabilidad tomar juramento a cada miembro electo o reelecto. ¿Y si Vance, "siguiendo las instrucciones de su jefe", se negara a tomar juramento a un número crítico de demócratas? "El caos legal y político podría ser quedarse corto", escribe la. Los senadores demócratas sin escaño, actuando en conjunto con sus homólogos de la Cámara, recurrirían al litigio, pero eso también podría tardar semanas o incluso meses en resolverse —mientras tanto, los republicanos con escaño mantendrían la mayoría.

La otra variable impredecible ausente del análisis de Luttig, según la columna, es cómo Trump podría aprovechar el caos. Los aliados de Trump en la extrema derecha lo han instado desde hace tiempo a tomar el control de las elecciones de medio mandato invocando sus amplios poderes bajo la Ley de Emergencias Nacionales, una reforma posterior a Watergate promulgada en 1976 para frenar la autoridad presidencial que, en la práctica, ha funcionado en sentido contrario. La ley otorga al presidente una amplia discrecionalidad para emitir una declaración de emergencia, siempre que especifique al menos un poder estatutario existente que se utilizará para iniciar y combatir la emergencia. Presidentes de ambos partidos han usado la ley con poca supervisión del Congreso.

Trump ha invocado la ley al menos 21 veces, señala la columna, para impulsar proyectos que incluyen la construcción de su muro fronterizo sur para frenar la inmigración, la promoción de la producción de combustibles fósiles y sus aranceles sobre bienes y servicios extranjeros. Y aunque la Corte Suprema invalidó gran parte de su régimen arancelario en febrero de 2026, sus otras declaraciones —junto con decenas declaradas por presidentes anteriores— siguen vigentes.

La autora subraya que no existe autoridad legal para que el presidente tome el control de las elecciones federales, ni para conspirar con los republicanos de la Cámara y el Senado a fin de excluir del cargo a los demócratas electos. "Pero si crees que eso impedirá que Trump lo intente, has estado dormido los últimos 10 años", afirma la columna.

El artículo concluye que la mejor —y quizás única— manera de evitar este escenario es una participación tan masiva que tales complots electorales sean "eliminados en la cuna". "Tenemos el poder de evitar que el 3 de enero se convierta en el nuevo 6 de enero", escribe la autora. "Usémoslo mientras podamos".